Hace más de 100 años, Emilio Landi, joven y carismático orfebre procedente de una familia de artistas —su hermano era un conocido tallador de madera, famoso por sus encargos religiosos— empezó a recorrer Europa para dedicarse al arte de la orfebrería con la pasión de un esteta fascinado por tradiciones y procesos seculares.
Con solo 17 años llega a Marsella, encrucijada de hombres y culturas, para proseguir hasta París, donde participa en la histórica exposición universal, y después a Viena y Albania, llevado por la fascinación de la joyería y la decoración tradicionales de oriente medio. Todos los lugares en los que ha vivido hablan lenguas fascinantes y distintas, así como los clientes de sus creaciones.
Entre fotografías amarillentas, bocetos a mano alzada del archivo familiar y citas en los periódicos de la época, descubrimos a un espíritu poliédrico y fascinante que seduce a aristócratas y a importantes personajes públicos europeos, con la más absoluta discreción. Realiza para ellos objetos preciosos únicos y de extraordinaria factura, fundiendo en su estilo inconfundible la joyería tradicional de la época con el Art Nouveau y el Art Decò. Sus producciones son escrupulosamente extraídas de chapa de oro laminada —a menudo perforada a mano y curvada para formar anillos, diademas, pulseras— añadiendo paladio a la aleación de oro blanco para mantener en el tiempo un excepcional brillo, sin necesidad de rodio.


Como pequeñas y preciosas miniaturas, sus bocetos forman parte de la historia de la joyería italiana, destinados a hechizar a un público selecto de admiradores y familiares. Alejado de los focos, pero no por ello menos protagonista, trabaja con dedicación entre las bambalinas de la escena pública aristocrática. Combina las técnicas artesanales aprendidas en sus innumerables viajes con una constante y refinada búsqueda de piedras y materiales preciosos, siempre de la calidad más exclusiva, dando un carácter único que —junto a la meticulosa atención por los acabados— sigue diferenciando todas las creaciones de quien continúa la tradición familiar con MEL – bespoke italian jewels.
En los años 20 se crearon gran cantidad de joyas importantes gracias a piedras de excepcional calidad y dimensiones procedentes de la nobleza y la aristocracia rusa, que en aquel período tuvo que abandonar el país cosiendo entre sus ropas muchas piedras preciosas para asegurarse un futuro al otro lado de la frontera.



Hoy como ayer, nuestro taller de joyería, a escasos metros del Duomo de Milán, sigue siendo el punto de referencia para quien busca joyas y objetos preciosos realizados a medida para contar la historia de quien los lleva. Marco Enrico Landi, el actual CEO de Mel, no solo hace honor a la figura de su antepasado, heredando su inspiración creativa y gusto estético, sino que amplía las capacidades de realización. De hecho, todos los objetos realizados hoy por Mel – bespoke italian jewels son pequeñas obras maestras hechas a medida que integran materiales, inspiración y sugestiones procedentes de todas las partes del mundo. El punto de referencia para quien desea atrapar un momento vital en un objeto precioso o expresar su propia esencia en una composición de materiales y formas fuera de lo común.

